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jueves, septiembre 24, 2026

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El barrio de CABA con mayor sentido de pertenencia

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La Ciudad de Buenos Aires tiene 48 barrios oficiales. Algunos se destacan por su calidad de vida, como Colegiales; otros, por ser los más “cool”, como Devoto; y algunos, por estar en pleno auge, como Saavedra. Sin embargo, hay uno que se distingue por el fuerte sentido de pertenencia de sus vecinos.


Es un lugar donde los vecinos realmente disfrutan vivir, y aunque muchos podrían permitirse mudarse a otras zonas por razones económicas, prefieren quedarse, atraídos por el entorno y la conexión con su historia y sus recuerdos.
Beltrán Briones, desarrollador inmobiliario, habló sobre el tema y mencionó algo muy interesante en Bondi Live: “La gente que vivió y por ahí se crio mucho tiempo en Caballito, ama Caballito y aunque el día de mañana se vuelvan multimillonarios, van a vivir en Caballito”, explicó haciendo referencia a una realidad que ve día a día.


“Yo hago edificios en Caballito y me lo compra gente con muchísima guita. Que vos decís, ¿por qué no te vas a vivir a una mega torre en Palermo?“, comentó Beltrán Briones.


Y agregó: “En Caballito, la gente tiene su sentido de pertenencia muy fuerte. Los padres le compran departamentos a los hijos en Caballito para que estén cerca de donde se criaron y donde vivieron. Es, creo, que el barrio con mayor sentido de pertenencia a la Ciudad de Buenos Aires”, afirma.


La historia de Caballito


Caballito es uno de los barrios más tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires, ubicado en su centro geográfico. Originalmente, la zona era rural, con quintas y huertas que abastecían a la ciudad, y su nombre proviene de un antiguo caballito de madera que marcaba la entrada al área.
A lo largo del siglo XIX, el barrio comenzó a urbanizarse, con calles, tranvías y la apertura de plazas y escuelas. Durante el siglo XX se consolidó como un barrio de clase media, con edificios de departamentos, comercios y espacios culturales, destacando sus áreas verdes como el Parque Centenario.


Hoy, Caballito combina tradición y modernidad, con casas históricas y edificios contemporáneos, y se distingue por el fuerte sentido de pertenencia de sus vecinos, muchos de los cuales eligen permanecer allí generación tras generación.

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La Terminal de Retiro se reinventa: qué implica su conversión en nodo multimodal

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En el marco de una estrategia para actualizar la infraestructura de transporte porteña, el Gobierno nacional declaró de interés público un proyecto presentado por un grupo de empresas privadas que busca transformar de raíz la Terminal de Ómnibus de Retiro, convirtiéndola en un moderno centro de conexión multimodal.

La medida quedó formalizada a través del Decreto 273/2026 y contempla un desembolso privado estimado en 79 millones de dólares, con una concesión que podría llegar a los 30 años. La meta es renovar tanto la estructura física como el modelo de gestión del complejo, potenciar su capacidad y posicionarlo como un engranaje central del sistema de transporte a nivel nacional y metropolitano.

¿Qué se entiende por hub intermodal?

Un hub intermodal moderno es un nodo de transporte que reúne en un mismo lugar distintos medios de traslado —trenes, subte, colectivos, micros, bicicletas— y los complementa con tecnología avanzada, diseño funcional y servicios orientados a que el viajero gane tiempo y comodidad.

A diferencia de una estación convencional, este tipo de infraestructura apunta a la integración sin fricciones: los transbordos son ágiles, la señalización es intuitiva y los accesos están pensados para minimizar las esperas. A esto se suman pantallas con información en tiempo real, locales gastronómicos y comerciales, zonas de descanso, espacios de trabajo compartido, áreas premium e instalaciones accesibles y sustentables. El resultado no es solo un punto de paso, sino un verdadero sistema de movilidad que organiza los flujos urbanos y mejora la experiencia cotidiana de los usuarios.

El nuevo complejo: obras, dimensiones y servicios

La ejecución del proyecto quedará en manos de una Unión Transitoria formada por Inverlat Investments S.A., Service Trade S.A., Inversiones Peirod S.A. y BV Investments S.A., responsables tanto de construir como de operar la terminal bajo un esquema de concesión con financiamiento íntegramente privado.

La propuesta implica una renovación completa del predio: incorporación de tecnología de punta, redistribución de los espacios existentes y creación de nuevas áreas con usos comerciales, corporativos y de servicios. Entre las novedades se destacan locales gastronómicos, oficinas, zonas de coworking, un hotel y un centro de convenciones.

Uno de los aspectos más llamativos es la expansión de la superficie cubierta, que saltará de los actuales 30.000 m² a más de 89.000 m². Dentro de ese crecimiento se contemplan cerca de 18.000 m² para gastronomía y comercios, aproximadamente 29.000 m² para logística y distribución de encomiendas, y más de 13.000 m² para áreas VIP y coworking. El proyecto incluye además un hotel de más de 8.500 m², un centro de convenciones de casi 1.900 m², 80 dársenas para ómnibus, 390 espacios de estacionamiento y una plaza abierta de más de 11.000 m² de uso público.

Cómo avanzarán las obras sin detener la terminal

La construcción se organizará en fases sucesivas a lo largo de cinco años, con el compromiso de mantener operativa la terminal en todo momento. Para lograrlo, no se intervendrá más del 30% de los andenes al mismo tiempo, mientras que las tareas de mayor envergadura se concentrarán en horarios nocturnos o de baja afluencia, con señalización y desvíos que resguarden la seguridad de pasajeros y operarios.

Hoy por hoy, Retiro recibe alrededor de 14,6 millones de pasajeros por año, con un promedio de 40.000 personas diarias y unos 360.000 servicios de ómnibus anuales. Con la modernización en marcha, las proyecciones indican que ese flujo podría más que duplicarse, alcanzando los 35 millones de usuarios hacia el año 2055.

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El Barrio de Flores concentra los mejores viveros de la Ciudad

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Encabeza la lista de barrios que ofrecen los mejores viveros de la Ciudad. Claridad, variedad y precios accesibles ,algunas de las razones que lo posicionan en el ranking numero uno en materia de plantas.Hoy con ElPost.com.ar te armamos un itinerario para que aproveches éste otoño y re-decores tu casa con alguna planta de estación.

Flores es el barrio que conecta con todo.Un barrio tan singular como practico, donde encontrás las mejores tiendas de ropas y marcas hasta el tour religioso por excelencia.Pero lo que no te imaginaste es que también lidera la lista de barrios con la mayor calidad d viveros de la Ciudad.

Los viveros son una de las visitas obligatorias de todos alguna vez.Ya sea por curiosidad, decoración o moda el recorrido se vuelve obligatorio.

Los viveros del barrio de Flores se comenzaron a incluir desde hace 3 años aproximadamente como parte de un tour de visita obligatorio.Allí además de visitar las tiendas de ropas y contemplar la intensa movida textil la oferta incluye un paseo por los viveros de la zona.

Si bien es verdad que Palermo y Belgrano ofrecen una gran variedad de viveros ,el barrio de Flores ofrece mayor variedad y precios más accesibles.

Una de las ultimas tendencias es la aparición de vecinos revendedores de plantas que llevan a sus barrios y los ofrecen por precios superiores para generar ganancias extras.

A continuación algunos de los locales donde podes visitar :

1. Blumen Vivero (Varela 977)

Posee gran variedad de especies como potus, cactus, suculentas y helechos. Abre de  Lunes a Viernes de 10 a 18 hs y Sábados de 10 a 14 hs.

2. Vivero Las Novedades (Granaderos 145)

Es uno de los viveros más antiguos del barrio.Tiene mas de 90 años en el barrio y es atendido por sus dueños y generaciones d ela misma familia.Es uno de los que mas variedad ofrece en la Ciudad ,con especies autóctonas y mixturadas modernas.Los días sábados te dan la bienvenida con churros para que recorras el lugar a gusto.

3. Vivero Los Aromos (Venancio Flores 3910)

Se encuentra cerca de la Plaza Vélez Sarsfield, y ofrece ademas de variedad de plantas, productos para las mismas como compost y agroquímicos para el tratamiento.Funciona de Lunes a Sábados de 09 a 18 hs, y los Domingos de 10 a 13:30 hs.

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  Un rincón de Buenos Aires en el corazón de Granada

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Hay establecimientos que, gracias a su atmósfera, su cocina y su ambientación, logran llevarte a lugares lejanos sin necesidad de tomar ningún vuelo. Abra Pampa, situado en el número 14 de la concurrida calle Navas, es uno de esos lugares. Su propuesta te sumerge de lleno en el ambiente de una cantina del centro de Buenos Aires, con todo lo que eso implica: carne a la carta, empanadas caseras y una buena selección de vinos argentinos.

El local cumplirá pronto cinco años, aunque su nacimiento no respondió a ningún plan trazado de antemano. «Llegué a Granada casi sin un peso y comencé vendiendo empanadas. Entonces apareció la posibilidad de hacerme con el local a un precio razonable, llamé a un amigo que tenía ganas de invertir y nos lanzamos», relata Facundo Doval, dueño del restaurante, porteño de nacimiento que recorrió el mundo durante una temporada y terminó recalando en Granada casi por obra del azar. «Quería instalarme en algún lugar que me resultara bonito y buscando en internet di con Granada. Me dije: ahí voy. Y la verdad es que no me equivoqué.»

Sin experiencia previa en la gestión de un restaurante, Facundo fue aprendiendo sobre la marcha y logró convertir la idea en algo concreto: un pedacito de Argentina en la ciudad de la Alhambra. «Abra Pampa es un bodegón del centro de Buenos Aires, con los platos más representativos de nuestra cocina y un ambiente que te envuelve, pero acá en Granada», describe.

En cuanto a la propuesta gastronómica, el menú gira en torno a tres pilares: las empanadas, la carne y el vino. Las empanadas siguen la tradición del norte argentino y se preparan fritas. La carne se ofrece en distintos cortes, aunque hay uno que Facundo recomienda sin dudarlo: el bife de chorizo, conocido en España como lomo bajo. «Es el corte más representativo de nuestra carta», afirma. El apartado de vinos completa la propuesta con una variada selección de etiquetas argentinas.

«Los comienzos fueron duros, no voy a negarlo. Mucho aprendizaje y poco dinero. Pero para mí ha sido algo muy gratificante desde el primer día, y mira que ya vamos a llegar a los cinco años.» Facundo reconoce que Granada lo recibió con los brazos abiertos y que, pese al esfuerzo que exige llevar un restaurante, se siente «muy satisfecho» con la evolución del negocio. «Las cosas marchan bien y quiero que sigan así, así que seguiré trabajando duro, que es la única forma de llegar a buen puerto», concluye.


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  Nueva Pompeya: historia, leyenda y memoria de un barrio porteño

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Popular y hermosa, con un estilo casi irreproducible, Pompeya creció vinculada al Tango.Su gente ,sus vecinos y su ambientación hablan por si solos.Un barrio donde se respira tango, solidaridad y porteñidad barrial.

«Se erigía, concretamente, entre lodazales, terrenos vacíos, terraplenes y acumulaciones de basura e desechos fabriles… charcos oscuros, veredas disparejas… trenes hendiendo las tardes, faroles rojos y señales verdes, tenía su poesía», dejaba escrito Homero Manzi en la contratapa de «Barrio de Tango» (1942), uno de los tantos creadores que le dedicaron versos a estas cuadras que aún sostienen con fiereza su identidad de barrio-pueblo.

Por el antiguo sendero de Burgos, hoy avenida Amancio Alcorta, desfilaron los invasores ingleses en 1807, resonó el último disparo de la Buenos Aires separatista de 1880 y se consumaron las matanzas de la Semana Trágica de 1919. Desde el primer piso del Colegio Luppi de la calle Tabaré, Manzi vislumbraba esas historias y las volcaba en «Sur», junto a Troilo: «más allá la inundación». Imágenes como «la esquina del herrero, barro y pampa» que moldearon, con su genio, la identidad porteña.

Porque en algún baile de hijas del Pueblo de las Ranas hacia 1870, de la milonga se trepó al tango derecho viejo de Villoldo y Arolas. «Sos el cuadro bravo de la ciudad», escribiría Carlos de la Púa, en versos que resuenan junto a los del grupo punk 2 Minutos de los noventa: «relucían las cadenas, relucían las navajas», retrato fiel de la dureza cotidiana a ambas márgenes del Riachuelo.

Barrio fabril y obrero, con olor a río quieto y memoria de curtiembres y mataderos, que forjó una solidaridad vecinal sin distinciones. «La gente era muy unida, muy de ayudarse unos a otros.

  Cuna del Tango  

Transitada desde los tiempos de Pedro de Mendoza, la zona fue escenario de choques entre indios y españoles en 1536. Tierras poco apreciadas por las inundaciones recurrentes, aunque las poderosas familias Rojas y Acevedo explotaban allí la ganadería, anticipo de los saladeros que transformarían el paisaje. El primer poblador estable fue el soldado Domingo Díaz, asentado en 1728 en la bajada del Puente Alsina, quien vendió su propiedad al alférez Bartolomé Burgos en 1744. Este controlaba el estratégico paso de mercaderías —legales y clandestinas— que durante décadas llevaría su nombre.

Tras pasar por el filántropo Francisco Álvarez Campana, las tierras llegaron al vasco Enrique Ochoa en 1820, quien impulsó el primer Puente Alsina en 1857 —con el cobrador Martín Yrigoyen, ambos padres de futuros presidentes— y dinamizó la zona con la industria porcina. Graserías, curtiembres y chacinados emplearon a los primeros inmigrantes desde 1860. Entre ellos, el italiano Santos Luppi, que levantó una curtiembre modelo en 1869 con 30.000 metros cuadrados de talleres y fundó la escuela donde se formaron Manzi y otros ciudadanos notables.

Al sur del puente creció el Pueblo de las Ranas, con casi 3.000 habitantes a principios del siglo XX, donde la gente marginada subsistía de los residuos de la Quema —actual Parque Patricios— y se reunía en la fonda de Mecedoro, señalada por algunos como cuna del Tango. Otros ubican ese origen mítico en la pulpería María Adelaida o en La Blanqueada, refugio de payadores y cuchilleros como el Isidoro Acevedo de Borges.

El capuchino Darío Broggi, con el apoyo de Adelaida Z. de Ayerza, colocó el 14 de mayo de 1896 la piedra fundamental de la Basílica de Nuestra Señora de Pompeya en Esquiú y avenida Sáenz, joya del neogótico con vitrales espectaculares. La obra concluyó en 1905 y consolidó el corazón de lo que comenzó a llamarse Nueva Pompeya. Las inundaciones de 1900, 1911 y 1913 impulsaron la creación del Comité de Agitación vecinal, que bregó por la rectificación del Riachuelo, concretada recién en los años cuarenta. En 1938 el Puente Alsina fue renovado con estética neocolonial y, aunque le impusieron el nombre del golpista Uriburu, el habla popular restituyó el nombre histórico —desde 2015 el Congreso lo llamó Puente Ezequiel Demonty, en memoria de un joven víctima de violencia policial en 2002.

«Era Pompeya en donde me crié y digo de mi madre la voz puesta en un cuento donde el mundo era de aire, luz y estrellas», escribía Julián Centeya, evocado en la Esquina de los Poetas de Centenera y Tabaré. Desde Bioy Casares hasta Pío Collivadino, desde Vacarezza hasta Abraham Vigo, la musa mistonga brotó siempre de estas cuadras. Ese espíritu tanguero pervive junto a la solidaridad que retrató Evar Méndez en 1920: la escuela de la Quema, «la más pobre, la más sucia… Almafuerte le hubiera dedicado un himno.» Como los panaderos Lomazzi y Magnani, que repartían pan cada vez que el agua crecía. Barrio-pueblo templado en la fraternidad. «Pompeya es mi esposa / la que va conmigo y me apuntala / toda la vida.»

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  Monte Castro: el corazón del Oeste porteño

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El barrio de los mil estilos que lo diferencian de oros.Alejado de la gran metrópolis conecta co todos paradójicamente. Hoy con el Post.com.ar recorrimos el barrio,nos adentramos en su historia y te contamos que cosas averiguamos.

Al igual que otros tantos rincones de Buenos Aires que aguardan ser explorados, Monte Castro puede confundir a quien lo visita sin conocerlo.

Si alguien pasa frente a la legendaria pizzería El Fortín, ubicada en la intersección de Lope de Vega y Álvarez Jonte, donde solían reunirse deportistas y artistas, o camina por las calles en las que Roberto Arlt imaginó «El juguete rabioso» en 1926, quizás piense que está en Floresta o Villa Luro. Pero no: ha llegado a Monte Castro. Desde aquí partió el primer ejército criollo después de la Revolución de Mayo, y San Martín tomó el mando de sus tropas hacia la gloria. Considerado un punto estratégico desde tiempos coloniales gracias a su altura, los propios vecinos afirman que en días de cielo despejado el Obelisco puede verse desde sus esquinas. Una historia vasta que ningún negocio inmobiliario logrará borrar.

Por más de cuatro siglos, estas tierras pertenecientes a La Matanza no despertaron mayor interés. Fueron tres estancias entregadas por Juan de Garay al Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón que, cerca de 1680, comenzaron a cambiar de dueños hasta recaer en Pedro Fernández de Castro y Velasco a inicios del siglo XVIII.

De este poderoso personaje del Virreinato, conocido por su generosa relación con los franciscanos, proviene el nombre del barrio, cuya fecha de fundación coincide con la firma de la escritura del extenso terreno el 14 de mayo de 1703. Las 800 hectáreas se extendían hasta Mataderos e incluían el Arroyo Maldonado y el camino de Monte Castro, hoy conocido como avenida Segurola. En el centro de esas tierras se levantaba una gran estancia rodeada de frutales y chacras, según investigaciones del Centro de Arqueología Urbana. La actividad agrícola y ganadera dominó la zona durante el siglo XIX, con muy pocas construcciones, entre ellas una capilla y una escuela rural de 1875, edificadas por las Hermanas del Divino Salvador.

El cambio de siglo trajo consigo los primeros tranvías y una gran llegada de inmigrantes que se emplearon en compañías de renombre como el Laboratorio Parke Davis, Georgalos y Heladeras Saccol. El sentido de comunidad quedó plasmado en veredas amplias y con árboles, y en varios pasajes que sirvieron como puntos de encuentro del tejido social.

El más recordado es el pasaje Albania, de dos cuadras, levantado en honor a los inmigrantes albaneses que llegaron durante la Primera Guerra Mundial, con 44 pequeñas viviendas construidas con apoyo del gobierno italiano. En aquella época todavía funcionaban en el fondo de las últimas chacras los hornos de ladrillos, prohibidos en 1930, que los vecinos se intercambiaban para terminar de construir sus propias casas. En 1913, empleados ingleses de Obras Sanitarias y de los ferrocarriles fundaron el club All Boys, cuyo estadio ubicado en la calle Mercedes al 1900 fue inaugurado en 1959.

A pesar del tiempo transcurrido y de los cambios urbanos, Monte Castro mantiene un ritmo propio, protegido en sus pasajes y en la falta de grandes avenidas y líneas de subte. Esa calma característica se siente en la calesita cubierta de Don José o en el Bar Notable Olimpo, en Arregui al 5700. Quien camine por sus veredas de aire puro notará la pausa de la siesta, incluso en días de semana. Una magia cotidiana a poco más de 12 kilómetros del Obelisco, donde en cada esquina uno puede sentir que sus sueños están a la vuelta.

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¿Cómo era la Ciudad hace un siglo ?

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La increíble transformación de la Ciudad de Buenos Aires con un antes y un después para admirar la arquitectura, el diseño y la historia de una Ciudad pujante.

En las últimas semanas se viralizaron los antes y después de la Ciudad en las redes sociales.Alí se pudo como fue creciendo la Ciudad ,sin embargo sus rasgos mas emblemáticos y característicos continuan hasta la fecha con mínimo retoques.Allí radica la magia de la conservación y valor histórico.

En el instagram del creador digital José Díaz Diez, se observa con precisión los cambios que son parte de su segundo libro sobre la reconstrucción de la Ciudad.Las imágenes del antes y después son un verdadero furor.

José Díaz Diez es un aficionado de la historia porteña.Su objetivo es reconstruir la historia a través de imágenes.si bien todo comenzó como un hobby ,la actividad se volvió de interés cultural y comenzó a replicarse rápidamente.

Entre los cambios que podemos observar se encuentran los palacios que fueron demolidos, arroyos que hoy no son parte del paisaje y edificios que cambiaron de estructura.

Si bien es cierto que la importancia de esto es netamente visual detrás hay una invitación a una reflexión profunda sobre los cambios que traer el tiempo al urbanismo y como afecta esto a la identidad porteña.

Si se observa el perfil de instagram del autor, se puede observar el antes y después de la misma imagen.Esto permite una mirada directa sobre el cambio y las nuevas formas.

Luego del éxito de esta publicación el autor decidió archivar gran parte de sus trabaos y recopilarlos en un libro que se llama  Buenos Aires en el tiempo, lanzado en febrero de 2022.Sin embargo la gran cantidad de imagenes

y archivcos que tenia en todos estos años no entraron en el primer tomo y debió sacar un segundo libro llamado Buenos Aires en el Tiempo 2: recorriendo los barrios a fines de abril de este año.

Más allá que la gran cantidad de archivos históricos ,existen barrios que no poseen fotos para poder compararlas con la actualidad, debido a que en ese contexto histórico acceder a una cámara fotográfica era imposible.Algunos de estos barrios son  Villarreal, Villa Santa Rita o Villa General Mitre-.

Los archivos en su mayoría son sacados de múltiples fuentes tales como el Archivo General de la Nación, la Biblioteca Nacional, el Museo de la Ciudad, el Museo Ferroviario y colecciones privadas que reciben las colaboraciones de personas, coleccionistas y demás que comparten este material.

Respecto a su método de búsqueda el autor admitió :  “Trato de sacar la imagen desde el mismo punto exacto, con el mismo encuadre. Y si en la original pasaba una señora por la esquina o había un taxi, intento replicarlo. A veces me quedo más de una hora esperando que aparezca un colectivo de la misma línea”.

Los barrios de Belgrano, Palermo, Caballito y Villa Urquiza son los que más cambiaron a nivel estructural.Otros mantienen su estructura igual y presentan muy pocos cambios, tales como Lugano, Mataderos, Villa Pueyrredón, Saavedra o Versalles.

El motivo por ejemplo puede deberse al desarrollo más tardío de estas zonas, por ejemplo en Saavedra.Este barrio recién comenzó su transformación en los años 40 y 50 y las familias comenzaron a trasladarse hacia la zona en la década del 80 por lo que es un barrio relativamente nuevo en comparación con los demás.

Barrios como el Abasto, La Boca o Barracas conservan la misma estructura que hace 1 siglo atrás, increíble.Segun Jose Diaz Diez esto se debe al siguiente razonamiento “Nadie va a demoler una casa para hacer un edificio si no tiene certeza de poder venderlo después. La inseguridad también es un factor que retrasa los cambios”.

La zona que mas cambio fue la avenida 9 de Julio. Ante esto, Diaz diez reflexiona : “Demoler 30 manzanas para hacer una avenida es algo que hoy parece inimaginable. Y si sumás la 9 de Julio Sur y los accesos como la autopista 25 de Mayo, son más de 50 manzanas demolidas”

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El pintor que le dio vida a La Boca,  Benito Quinquela Martín   

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La fecha exacta de su nacimiento se desconoce. Benito Quinquela Martín fue abandonado el 21 de marzo de 1890 en la Casa de Niños Expósitos, Casa Cuna, donde se fijó su nacimiento por aproximación el 1 de marzo, día que festejó como cumpleaños hasta el final de sus días.

A los ocho años llegó a su vida el matrimonio Chinchella. Su padre adoptivo, Manuel, era genovés criado en Olavarría; su madre adoptiva, Justina Molina, era entrerriana de Gualeguaychú y de ascendencia aborigen. La familia tenía una modesta carbonería. De adolescente, Benito también acompañó a su padre en el puerto, donde conoció el barrio que lo marcaría para siempre.

La Boca ejerció en él una fascinación especial. Era una auténtica Babel: convivían italianos, japoneses, chinos, uruguayos, yugoslavos, griegos, turcos y muchos más. El incesante movimiento portuario, una arquitectura singular, los negocios y bodegones, las lenguas que se entremezclaban en los conventillos y tantos otros detalles forjaron un romance eterno entre Quinquela y el barrio. En ese entorno diverso, la cultura era parte de la vida cotidiana, y Benito, mientras alternaba la carbonería con el puerto, garabateaba y ensayaba sus primeros dibujos.

Tomó su primer pincel a los 14 años, en 1904, y su vocación se consolidó al ingresar a la academia Pezzini-Stiatessi, institución del barrio donde se enseñaban dibujo y pintura. El pintor Alfredo Lázari fue el maestro decisivo de su formación.

  Su legado y trayectoria artística  

El Museo de Bellas Artes de La Boca «Benito Quinquela Martín», ubicado en el corazón del barrio, es una de las instituciones que el artista donó a La Boca con el propósito de crear un polo cultural, educativo y sanitario. Su director, Víctor Fernández, señaló que cuando Quinquela afirmó su lenguaje artístico adoptó una iconografía que se convirtió en su marca y que lo llevó a sentirse incapaz de pintar otra cosa que no fuera La Boca.

Fernández agregó que sus pinturas no son paisajes sino escenarios: el escenario del trabajo, del esfuerzo y de la transformación humana. El Riachuelo aparece como detonante de una obra que evoca ciudades pujantes y sueños de progreso. En sus telas conviven recuerdos, relatos ajenos, registros de lo que veía por la ventana y elementos que nunca existieron en el barrio pero que prefiguraban su visión del futuro.

Su producción se organiza en cuatro grandes series: «Días luminosos», «Días grises», «Fuego» y «Cementerios de Barcos». En todas aparece el paisaje boquense, y cuando la composición se aleja demasiado de la realidad, Quinquela incorpora un elemento reconocible —la cúpula de la iglesia San Juan Evangelista, el Puente Transbordador o el viejo Puente Pueyrredón— para anclar al espectador en el barrio.

En cuanto a su técnica, Fernández explicó que el uso del color lo distanciaba de los preceptos académicos y provocaba el rechazo de las elites críticas porteñas. Su representación se apoyaba en gruesas capas de materia que reproducían el volumen de los objetos, aplicadas con espátula para enfatizar direcciones y volúmenes. El propio Quinquela describía su proceso señalando que una obra de gran formato podía demandarle una jornada de trabajo, pero solo después de haberla madurado internamente durante varios meses.

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El edificio histórico del Botánico se prepara para recuperar su esplendor

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El reconocido edificio del Jardín Botánico Carlos Thays, en pleno Palermo, será objeto de una renovación profunda que busca salvaguardar su legado patrimonial y, a la vez, ponerlo a tono con las demandas de hoy. Con casi siglo y medio de existencia, la construcción incorporará mejoras de accesibilidad, reorganizará sus ambientes internos y ofrecerá una propuesta de cafetería para enriquecer la experiencia de los visitantes.

La tradicional casona del Jardín Botánico de Palermo se apresta a atravesar una de las transformaciones más profundas de las últimas décadas. El plan de recuperación no se limita a la rehabilitación del inmueble, sino que propone también una puesta al día funcional que amplíe sus posibilidades de uso y garantice condiciones de inclusión para cualquier persona que lo visite.

Emplazada en el sector central del predio, la casona —distinguida por su impronta inglesa y su característica fachada de ladrillos expuestos— integra el patrimonio arquitectónico y cultural de la Ciudad. Levantada en 1881, su trayectoria está íntimamente ligada a Carlos Thays, el célebre paisajista responsable del diseño de numerosos parques porteños, quien incluso habitó ese edificio durante los años en que condujo la gestión de los espacios verdes de la ciudad.

Los trabajos proyectados abarcarán tanto la parte exterior como los ambientes internos del inmueble. Entre los ejes centrales de la obra se destaca la incorporación de infraestructura orientada a la accesibilidad universal: se contempla la colocación de un ascensor, la construcción de rampas y la reorganización de los recorridos internos para facilitar el desplazamiento de personas con movilidad reducida.

El proyecto contempla también la recuperación cuidadosa de elementos originales que sostienen el valor histórico del edificio. La escalera principal, las aberturas, puertas, ventanas y distintas carpinterías serán tratadas con técnicas especializadas de conservación, respetando su diseño de época y prolongando su durabilidad. A eso se agrega una renovación completa de la iluminación, la actualización de los sanitarios y la incorporación de mobiliario acorde a los usos contemporáneos.

Uno de los puntos más atractivos del proyecto es la apertura de un espacio gastronómico dentro de la casona. La instalación de un café de acceso libre apunta a enriquecer la visita al jardín, generando un lugar de encuentro y descanso en medio de un entorno natural privilegiado. Esta propuesta irá acompañada de áreas comunes pensadas para invitar a quedarse y disfrutar del lugar.

La recuperación de la casona se enmarca en un programa más amplio de cuidado del patrimonio del jardín. En años recientes, el predio fue escenario de diversas intervenciones, entre ellas la restauración de más de veinte esculturas distribuidas a lo largo de sus caminos, lo que refuerza su condición de espacio tanto cultural como ambiental.

Con siete hectáreas de extensión y una notable colección de especies vegetales traídas de distintas partes del mundo, el Jardín Botánico consolida su lugar como uno de los pulmones verdes más valiosos de Buenos Aires. La renovación de su casona histórica busca acompañar ese rol, integrando la memoria del pasado con propuestas que amplían su dimensión social y cultural.

De esta manera, la intervención no solo devuelve vida a un edificio emblemático, sino que lo proyecta hacia el porvenir, convirtiéndolo en un espacio más inclusivo, versátil y abierto a toda la comunidad.

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Avenida Crámer : el homenaje vivo a un oficial adversario de Rosas  

Una de las arterias más concurridas de Buenos Aires guarda una historia que parece sacada de una novela: conecta cinco barrios porteños y lleva el nombre de un combatiente de Waterloo que atravesó la cordillera con San Martín y encontró la muerte resistiendo al régimen de Rosas. La extraordinaria trayectoria de Ambrosio Crámer, el militar napoleónico que dejó el Viejo Mundo para protagonizar las contiendas más trascendentes del Río de la Plata.Hoy con el Post.com.ar tetaremos esta historia, digna del cine.

Pocas veces, al recorrer Buenos Aires, nos preguntamos qué existencias se esconden detrás de los nombres de sus calles. Algunos evocan figuras conocidas, otros personajes casi borrados por el tiempo, y unos pocos remiten a vidas tan apasionantes que merecerían una gran producción cinematográfica. Ambrosio Crámer es uno de esos casos: un hombre cuyo recuerdo se prolonga a lo largo de cinco barrios porteños en una de las avenidas más activas de la ciudad.

La Avenida Crámer —trazada a través de Núñez, Belgrano, Colegiales, Palermo y Coghlan— no perpetúa la memoria de un funcionario ni de un filántropo local. Lleva el nombre de un veterano de las guerras napoleónicas, ingeniero militar de formación europea, que hizo suya la causa de la independencia sudamericana, luchó bajo las órdenes de San Martín y Belgrano, recorrió la Patagonia, participó en la fundación de ciudades y acabó sus días enfrentando a Juan Manuel de Rosas. Una trayectoria que desafía la imaginación, pero que está registrada en numerosos archivos y trabajos históricos.

En 1816, Crámer zarpó hacia el Río de la Plata a bordo del buque Celeste, junto a otros oficiales franceses como Federico Brandsen, Alejo Bruix y Benjamín Viel. Tras desembarcar en Buenos Aires, adoptó la forma castellana de su nombre y se presentó ante el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón. La recepción fue más que favorable: fue ascendido y asignado de manera inmediata al estado mayor del general José de San Martín, quien buscaba cuadros capaces de instruir y organizar tropas. Crámer aportaba algo escaso en América: experiencia probada en los grandes campos de batalla europeos.

Su integración fue veloz y eficaz. Puso en pie el Regimiento Nº 8 de Infantería, conformado por esclavos negros libertos, y comandó las Compañías de Fusileros durante el cruce de la cordillera en 1817. En la batalla de Chacabuco, su carga a la bayoneta inclinó la balanza a favor de los patriotas.

No obstante, el vínculo con San Martín se deterioró con el tiempo. Los registros históricos apuntan a roces personales, fricciones disciplinarias o divergencias en materia militar. El resultado fue su alejamiento del Ejército de los Andes y su retorno a Buenos Aires, aunque su carrera castrense continuó con plena vigencia.

Desvinculado del ejército sanmartiniano, se incorporó al Ejército del Norte en calidad de edecán del general Manuel Belgrano, acompañándolo en la recta final de su vida militar. Estuvo presente en las batallas de Cepeda y Cañada de la Cruz, y ejerció como ayudante de campo del gobernador Martín Rodríguez. Por encargo del gobierno se trasladó luego a Carmen de Patagones para evaluar y restaurar el puerto, llevando a cabo relevamientos topográficos que aportaron datos valiosos para el conocimiento del litoral patagónico. Asimismo, tomó parte en la campaña al desierto de 1823, en la que colaboró con la fundación de la ciudad de Tandil.

Ambroise Jérome Cramer vino al mundo en París entre 1790 y 1792, con algunas discrepancias según las fuentes consultadas. Siendo apenas un adolescente de 14 o 16 años, ya vestía el uniforme de los ejércitos de Napoleón Bonaparte. Egresado de la Escuela Militar de Nobles, alcanzó el rango de ingeniero militar, una especialidad decisiva en una era en que el resultado de las batallas dependía tanto del cálculo técnico y la logística como del ímpetu de la caballería.

Su nombre pervive hoy en la Avenida Crámer, una vía de más de cuatro kilómetros que enlaza cinco barrios porteños. Quienes la recorren a diario probablemente desconozcan que ese nombre evoca a un soldado de Waterloo, a un oficial que escaló los Andes, a un cartógrafo que contribuyó a fundar ciudades y a un hombre que entregó su vida resistiendo al poder de Rosas.

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