La asistencia escolar, un indicador básico y a la vez decisivo para garantizar el derecho a aprender, se instaló como tema central en el debate educativo porteño.
En ese contexto, el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y la Unidad de Evaluación Integral de la Calidad y Equidad Educativa (UEICEE) impulsan una nueva edición de “Sinergia para el Aprendizaje”, un espacio de diálogo que reúne a especialistas, funcionarios y equipos escolares para abordar un problema que atraviesa niveles y contextos: el ausentismo.
El encuentro se propone intercambiar experiencias y buenas prácticas, fortalecer redes de colaboración entre gobierno, academia y escuelas, y traducir evidencia disponible en propuestas concretas de política educativa. No se trata, en este enfoque, de una jornada para “diagnosticar” lo que ya se sabe, sino de una instancia de construcción colectiva: qué estrategias funcionan, cómo se implementan, qué barreras aparecen y cómo se mide impacto.
El ausentismo escolar es un fenómeno multifactorial. Puede tener causas económicas (familias con trabajos precarios o dificultades de traslado), sanitarias (problemas de salud recurrentes), institucionales (clima escolar, vínculos, condiciones edilicias), culturales (desafección, percepción de baja relevancia), y también vinculadas a cuidados (niñas y niños que asumen tareas domésticas, o adolescentes que cuidan a familiares). Por eso, la conversación requiere un enfoque amplio: no alcanza con exigir “presencia”; hay que entender por qué se interrumpe la continuidad y qué políticas sostienen trayectorias.
La idea de Sinergia es que la evidencia no quede encerrada en informes técnicos. En educación, “lo que funciona” suele depender del contexto: una intervención exitosa en una escuela puede fracasar en otra si no se adapta. Por eso, el intercambio entre equipos escolares —que conocen el territorio— y especialistas —que aportan marcos analíticos— busca construir soluciones realistas y transferibles.
En la agenda suelen aparecer estrategias como alertas tempranas y sistemas de seguimiento, trabajo con familias, acompañamiento tutorial, fortalecimiento de vínculos, mejoras en la transición entre niveles, y propuestas pedagógicas que recuperen el sentido de asistir. También se discuten herramientas de gestión: cómo registrar ausencias, cómo intervenir a tiempo, cómo articular con áreas sociales y de salud, y cómo evitar que el ausentismo derive en abandono silencioso.
La creación de espacios como Sinergia también responde a un cambio de época: la escuela posterior a la pandemia quedó atravesada por nuevas fragilidades. La discontinuidad se volvió más visible y, en muchos casos, más persistente. Por eso, la asistencia —antes un dato administrativo— pasó a ser un indicador pedagógico de primer orden: si el alumno no está, no hay aprendizaje sostenido posible.
En esa línea, “Sinergia para el Aprendizaje” busca consolidarse como un puente entre diagnósticos y acción. La discusión sobre ausentismo deja de ser un tema de sanción o culpa para convertirse en un desafío de política pública, con la escuela como núcleo y con la comunidad como parte de la respuesta. Fortalecer la asistencia, en definitiva, es fortalecer el derecho a aprender y la posibilidad de trayectorias educativas completas.

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