La Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires vuelve a abrir sus vitrinas y, con ellas, una puerta a la historia cultural en formato papel. La edición 2025 —la número 18— se desarrollará del miércoles 29 de octubre al domingo 2 de noviembre, de 14 a 20, con entrada libre y gratuita, en la Plaza Seca del Palacio Libertad (Sarmiento 151), uno de los espacios culturales más transitados del centro porteño en los últimos años.
Organizada por la Asociación de Libreros Anticuarios de Argentina (ALADA), la feria coincide con los 25 años de la refundación de la entidad y reunirá 28 stands con materiales que van mucho más allá del libro entendido como objeto de lectura: habrá ejemplares que abarcan desde el siglo XV hasta las primeras vanguardias del siglo XX, además de ediciones modernas de interés coleccionista, grabados, mapas, fotografías, afiches, documentos y piezas raras en soporte papel. Para los especialistas, el evento funciona como un termómetro del mercado y un punto de encuentro profesional; para el público general, como una oportunidad de acercarse a obras que, por precio o disponibilidad, suelen estar fuera del circuito habitual.
El eje curatorial de este año apuesta a visibilizar la contribución femenina a la literatura nacional. En un país donde el canon fue durante décadas contado casi exclusivamente en masculino, la feria plantea un recorrido que rescata nombres, editoriales, traducciones, primeras ediciones y trayectorias que dialogan con distintos períodos: desde escritoras del siglo XIX y principios del XX hasta figuras centrales del siglo pasado. La propuesta se completa con una exposición fotográfica dedicada a “Mujeres Escritoras Argentinas”, concebida como un dispositivo de memoria y divulgación para ampliar la conversación sobre quiénes escribieron, quiénes publicaron y cómo circuló esa producción.
En paralelo, el programa incluye actividades de reflexión y debate. Entre ellas, dos mesas redondas en el Salón de Honor: una dedicada a “Cultura, Patrimonio y Coleccionismo” y otra centrada en “Mujeres escritoras en Argentina”. Estos espacios buscan discutir un tema sensible en el campo cultural contemporáneo: cómo proteger y difundir el patrimonio bibliográfico en un contexto atravesado por cambios tecnológicos, tensiones económicas y transformaciones en el modo en que las personas leen y conservan libros.
Otro de los puntos fuertes es el “Espacio Taller”, que acerca al público el trabajo artesanal y técnico que sostiene el mundo del libro antiguo. Encuadernadores, editores, impresores e ilustradores suelen mostrar allí procedimientos que rara vez se ven de cerca: técnicas de restauración, papeles, tintas, procesos de impresión, diseño editorial y encuadernación artística. En un tiempo dominado por pantallas, el taller vuelve visible la dimensión material del libro: el oficio, la paciencia y la cadena de saberes que permite que un ejemplar atraviese décadas —o siglos— y llegue al presente.
En definitiva, la Feria del Libro Antiguo funciona como una escena cultural que mezcla comercio, investigación, memoria y placer estético. No es solo un paseo para bibliófilos: es un recordatorio de que, en los pliegues del papel, se guarda una parte decisiva de la historia argentina y universal. Y que leer el pasado —en primera edición, con marcas de uso y olor a biblioteca— sigue siendo una manera de pensar el presente.

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