Una de las arterias más concurridas de Buenos Aires guarda una historia que parece sacada de una novela: conecta cinco barrios porteños y lleva el nombre de un combatiente de Waterloo que atravesó la cordillera con San Martín y encontró la muerte resistiendo al régimen de Rosas. La extraordinaria trayectoria de Ambrosio Crámer, el militar napoleónico que dejó el Viejo Mundo para protagonizar las contiendas más trascendentes del Río de la Plata.Hoy con el Post.com.ar tetaremos esta historia, digna del cine.
Pocas veces, al recorrer Buenos Aires, nos preguntamos qué existencias se esconden detrás de los nombres de sus calles. Algunos evocan figuras conocidas, otros personajes casi borrados por el tiempo, y unos pocos remiten a vidas tan apasionantes que merecerían una gran producción cinematográfica. Ambrosio Crámer es uno de esos casos: un hombre cuyo recuerdo se prolonga a lo largo de cinco barrios porteños en una de las avenidas más activas de la ciudad.
La Avenida Crámer —trazada a través de Núñez, Belgrano, Colegiales, Palermo y Coghlan— no perpetúa la memoria de un funcionario ni de un filántropo local. Lleva el nombre de un veterano de las guerras napoleónicas, ingeniero militar de formación europea, que hizo suya la causa de la independencia sudamericana, luchó bajo las órdenes de San Martín y Belgrano, recorrió la Patagonia, participó en la fundación de ciudades y acabó sus días enfrentando a Juan Manuel de Rosas. Una trayectoria que desafía la imaginación, pero que está registrada en numerosos archivos y trabajos históricos.
En 1816, Crámer zarpó hacia el Río de la Plata a bordo del buque Celeste, junto a otros oficiales franceses como Federico Brandsen, Alejo Bruix y Benjamín Viel. Tras desembarcar en Buenos Aires, adoptó la forma castellana de su nombre y se presentó ante el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón. La recepción fue más que favorable: fue ascendido y asignado de manera inmediata al estado mayor del general José de San Martín, quien buscaba cuadros capaces de instruir y organizar tropas. Crámer aportaba algo escaso en América: experiencia probada en los grandes campos de batalla europeos.
Su integración fue veloz y eficaz. Puso en pie el Regimiento Nº 8 de Infantería, conformado por esclavos negros libertos, y comandó las Compañías de Fusileros durante el cruce de la cordillera en 1817. En la batalla de Chacabuco, su carga a la bayoneta inclinó la balanza a favor de los patriotas.
No obstante, el vínculo con San Martín se deterioró con el tiempo. Los registros históricos apuntan a roces personales, fricciones disciplinarias o divergencias en materia militar. El resultado fue su alejamiento del Ejército de los Andes y su retorno a Buenos Aires, aunque su carrera castrense continuó con plena vigencia.
Desvinculado del ejército sanmartiniano, se incorporó al Ejército del Norte en calidad de edecán del general Manuel Belgrano, acompañándolo en la recta final de su vida militar. Estuvo presente en las batallas de Cepeda y Cañada de la Cruz, y ejerció como ayudante de campo del gobernador Martín Rodríguez. Por encargo del gobierno se trasladó luego a Carmen de Patagones para evaluar y restaurar el puerto, llevando a cabo relevamientos topográficos que aportaron datos valiosos para el conocimiento del litoral patagónico. Asimismo, tomó parte en la campaña al desierto de 1823, en la que colaboró con la fundación de la ciudad de Tandil.
Ambroise Jérome Cramer vino al mundo en París entre 1790 y 1792, con algunas discrepancias según las fuentes consultadas. Siendo apenas un adolescente de 14 o 16 años, ya vestía el uniforme de los ejércitos de Napoleón Bonaparte. Egresado de la Escuela Militar de Nobles, alcanzó el rango de ingeniero militar, una especialidad decisiva en una era en que el resultado de las batallas dependía tanto del cálculo técnico y la logística como del ímpetu de la caballería.
Su nombre pervive hoy en la Avenida Crámer, una vía de más de cuatro kilómetros que enlaza cinco barrios porteños. Quienes la recorren a diario probablemente desconozcan que ese nombre evoca a un soldado de Waterloo, a un oficial que escaló los Andes, a un cartógrafo que contribuyó a fundar ciudades y a un hombre que entregó su vida resistiendo al poder de Rosas.

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